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sábado, 7 de abril de 2012

La soledad de María.

Ntra. Sra. de los Dolores.
Bailén
El Sábado Santo es día de silencio y reflexión. La Iglesia se prepara para la celebración de la Vida: la resurrección del Señor. Hoy, en lo más íntimo de nuestro corazón recordamos a la Virgen María en su soledad. A lo largo de la lectura de la Pasión podemos caer en la tentación de afirmar que Jesús olvida a su madre. Pero no es así. En la cruz la mira y nos la entrega como madre de la Iglesia: "María, ahí tienes a tu hijo.. He aquí a tu Madre". Desde aquel momento la Virgen no se ha apartado ni un sólo segundo de nosotros. Nos sigue protegiendo con su manto e intercediendo por nosotros ante si Hijo.
María, la madre valiente, que dio un sí generoso y desinteresado a los planes de Dios, siendo consciente de las dificultades del camino. Ella, que nunca abandonó a su querido hijo... Ella que estuvo firme al pie de la cruz y soportó el dolor de la pérdida.
Encomendemos en este día a María a todas las madres, especialmente las que sufren y las que han perdido a sus hijos, para que Ella, Reina de la Iglesia, les dé aliento y esperanza.

jueves, 5 de abril de 2012

La Cena del Señor

"Amaos los unos a los otros como yo os he amado"

Santa Cena. Málaga 

En la tarde del Jueves Santo comenzamos el Triduo Pascual, núcleo de nuestra fe: la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Hoy, la Iglesia celebra la Cena del Señor, la última celebración de la Pascua que tuvo Cristo con sus discípulos. En ella, Jesús anticipó los sucesos del día siguiente: "Tomad y comed todos de él, porque este es mi cuerpo". "Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre que será derramada por vosotros". Pero no termina aquí. El mismo Jesús nos invita a hacer esto en su memoria. De esta forma se instituye el sacerdocio y el Señor se queda con nosotros sacramentalmente hasta "que vuelva".
Del mismo modo, al acabar la cena, Jesús de nuevo será protagonista de la mayor revolución: Él mismo, siendo Dios y maestro, se rebaja ante sus amigos y les lava los pies. Por aquel entonces ésta era una tarea destinada a los esclavos. ¡Gran gesto de humildad a imitar por nosotros!. "Os aseguro que el criado no es más que el amo; quien quiera ser el primero de todos, que sea el último" E instauró el mandamiento del amor: "Amaos los unos a los otros como yo hice" De ahí que este día se conozca como el del amor fraterno.
Que esta tarde el Señor nos ayude a ser más humildes, amando a nuestros hermanos como él mismo nos amó.

Rafa Delgado 

lunes, 26 de marzo de 2012

Caminando junto a Él


Con este V Domingo de Cuaresma entramos en el pórtico de la Semana Santa. Llegamos al final de un camino que comenzamos el miércoles de Ceniza y que se ha caracterizado por el arrepentimiento, la penitancia y el perdón. El último día hablábamos de la conversión y el sacramento de la Reconciliación, esa fiesta íntima y personal con el Padre. Para este último tramo el Salmo 50 nos invita al agradecimiento. Esta maravillosa oración termina diciendo: “Señor por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén: entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar se inmolarán novillos”
Con el perdón, Cristo ha curado las pequeñas heridas que sufría nuestro corazón. Ha reconstruido “nuestras murallas”, nos ha abierto sus brazos como Padre cargado de amor.
Ahora caminamos junto a Él hacia la Pascua. Camino de pasión, sufrimiento y entrega… Pero sobre todo, calvario de amor. Con agradecimiento contemplemos a Jesús Crucificado y mantengámonos fieles a su Palabra, alimento de nuestra alma.

Rafa Delgado

jueves, 22 de marzo de 2012

La conversión del corazón

Hace unas semanas contemplábamos la humildad y el arrepentimiento del pecador en los primeros versos del Salmo 50. En estas últimas de Cuaresma seguimos caminando de la mano del Miserere, meditando su parte central. Habiendo reconocido con humildad nuestras faltas y arrepentidos de ese alejamiento del Padre, es momento de cambiar de rumbo. No podemos seguir caminando hacia atrás.
"Oh Dios crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme" Estas breves palabras están cargadas de un profundo significado. Podemos decir que forman los antecedentes a las decisivas palabras de Jesús: "Vete y no peques más"
Buscamos sin cesar a nuestro Padre; pero el camino que debemos seguir hasta encontrarle pasa por el arrepentimiento y la conversión del corazón. Sólo así podremos pedir con fuerza al Señor que nos devuelva la alegría de su salvación y nos afiance en su espíritu generoso. 
La conversión es la clave de la Cuaresma. Es una tarea difícil por la fragilidad de nuestro corazón. Pero esto no debe entristecernos. Cambiar significa sobre todo alegría y esperanza. ¿Por qué debemos andar cabizbajos? Al contrario...¡Vamos a reencontrarnos con el Padre! ¡Nos espera con los brazos abiertos, dispuesto a perdonarnos y llenarnos de su amor!
Acudamos con fe al sacramento de la reconciliación sobre todo con alegría ya que es la gran fiesta, íntima y personal, del reencuentro con Jesús. Que la Virgen María nos lleve de la mano en este alentador camino de esperanza. 

Rafa Delgado

martes, 28 de febrero de 2012

El pecado, una realidad humana


Los primeros versos del Miserere evocan el reconocimiento del pecado. Somos débiles por nuestra propia naturaleza, y el pecado es consecuencia directa de esa debilidad. Ante esta situación podemos actuar de dos formas contrapuestas: la primera, negando la existencia del pecado; somos libres y podemos hacer cuanto queramos. Esta postura conlleva una pérdida total de conciencia y sensibilidad. La segunda y verdaderamente importante es el reconocimiento de esta realidad. Yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado” Somos pecadores; somos débiles y necesitamos a Dios para seguir adelante. Sentimos que no podemos separarnos de Él porque nos perderíamos definitivamente. Este sentimiento es fruto de la Palabra del Padre; de nuestra fe.
El pecado es un acontecimiento que quiebra nuestra relación con Dios. Es fruto de una falta de confianza total en Él. Pero el reconocer nuestras faltas supone ya un paso muy importante para retomar el camino del Evangelio. Refleja humildad ante un Padre que nos perdona; esperanza en volver a estar en sus brazos y apuesta decidida de arrepentimiento y conversión. Pedir a Dios perdón es solicitar que derrame su gracia sobre nosotros; que su Espíritu descienda sobre nosotros y nos ayude a llevar una vida acorde con el Evangelio.
Esta noche, a la hora de dormir, hablemos con Dios, sin prisas, sin miedo, con humildad. Reconozcamos nuestras faltas y pidámosle la gracia de la conversión. Sólo así descansaremos en sus brazos y seremos realmente bienaventurados. 

Rafa Delgado

jueves, 23 de febrero de 2012

Una reflexión de la mano del Miserere


Comenzamos la Cuaresma, un tiempo de marcado carácter penitencial. Estos cuarenta días constituyen un camino de reflexión y conversión de cara a celebrar el pilar fundamental de nuestra fe: la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
A lo largo de estas semanas tendremos la oportunidad de mirar en lo más profundo de nuestro corazón y descubrir cómo somos realmente. Es un tiempo de desnudez y humildad como el árbol que pierde sus hojas, quedando débil en el duro invierno. Pero esa debilidad se torna en fortaleza con la llegada de la primavera. Nacen brotes nuevos, la flor se abre y de ella nace el fruto.
En efecto el hombre se parece a un árbol. Nuestras raíces son Jesucristo; el invierno – el pecado- debilita nuestro ser pero con la llegada de la nueva estación, la Pascua, renacemos de nuestras cenizas y crecemos vigorosamente, alzando las ramas hacia el sol, nuestro Padre Dios.
Durante estos cuarenta días, el salmo 50, conocido como el Miserere, nos ayudará a reflexionar y alcanzar la conversión que tanto necesitamos. La profundidad de sus versos refleja el arrepentimiento del pecador, la necesidad de misericordia y el agradecimiento del perdón. La vida cristiana resumida en una de las oraciones más maravillosas de la Biblia.
Ojalá estas semanas nos ayuden a estar más cerca de Cristo; que nuestro corazón crezca en la humildad y en el arrepentimiento, para que así, llenos de la gracia de Dios, vivamos con esperanza y regocijo la buena nueva de la salvación. 


Rafa Delgado.